Josefa de los Ángeles

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lunes, 20 de mayo de 2013

Cuento: El Bambú Japonés

Es increíble como todo en la vida tiene una razón de ser... todo está conectado y pasa cuando debe pasar o te lo encuentras cuando debía ser, no antes ni después o tiene un significado que por pequeño que sea, si estás atenta a las señales, puedes percibir que Dios o el Universo tiene algo que decirte.

Llevaba bastante tiempo sin escribir en este blog, quizás pensando que mis cosas no le importan a la gente.... pero la verdad es un espacio mío, para escribir lo que me plazca, lo que siento, lo que vivo, lo que creo.  Hace poco tiempo aprendí que ya no puedo vivir pensando en complacer al resto, si estoy bien conmigo misma pues llegará a mí quienes correspondan sino pasarán de largo, sin complicaciones.

Yo soy creyente, por tanto lo que me pase lo atribuyo a la gracia de Dios.  Y Dios nos ha bendecido con concretar nuestro sueño de la casa propia, hecha a pulso, con nuestras ideas y gustos.  Por ello el último tiempo mi mente vaga en un sin fín de cosas terrenales abocadas a la decoración y como quiero poner mi sello y mi "arte" del punto cruz en la mayoría de las cosas que pueda, pues se me puso entre ceja y ceja bordar algún cuadro con bambús para decorar el baño de visitas y buscando y buscando ideas de gráficos en la web me encontré con un cuento: "El cuento del bambú japonés" y caló ondo en mí, pues sentía que Dios me hablaba sobre la paciencia (que debo seguir trabajando) y que hemos tenido durante estos 12 años de matrimonio para concretar nuestro anhelo.


El bambú Japonés
No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.
También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: "¡Crece, maldita seas!"...
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de solo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!
¿Tardó solo seis semanas crecer?.
No. La verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. 
Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos-, si está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.
Tiempo… Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos…
Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué…
Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…
¿Para qué?
Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes…
quizá solo estés echando raíces…."

Interesante relato que nos lleva a meditar y aprender a dejar de ser inmediatistas en nuestro quehacer... todo trabajo tiene su fruto, no desmayes.

Claudia

domingo, 3 de abril de 2011

Bautizo Josefa

Hoy Josefa cumple 11 meses de vida, de vida fuera de mi vientre y ha sido una bendición hermosa tenerla con nosotros.

Siempre imaginé que tener una niñita sería lindo, pero ella ha superado mis expectativas, es maravillosa (lo diré porque soy su madre??,jajajaja)

El próximo sábado será su bautizo.  Será algo netamente familiar, rodeado especialmente de los más cercanos, su familia.  A pesar de ello y aunque me hubiese gustado compartir este momento con muchas personas más, les dejo esta invitación virtual, para que puedan estar ese día aunque sea con el pensamiento junto a Josefa y nosotros, sus padres y hermanos.


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domingo, 20 de febrero de 2011

Vacaciones de verano 2011 (1° parte)

Sí, es la primera parte de nuestras vacaciones...  Este año decidimos viajar cerca de casa y, bueno, aprovechando los hermosos lugares que nos rodean decidimos irnos unos días a Colliguay (esa es la primera parte de las vacaciones, la 2° parte será en Olmué). 

Marcos quería playa (a mí la verdad no me gusta mucho, me maltrata, quedar toda pegoteada de arena aunque uno no lo quiera no me causa gracia alguna), ir a El Consistorial ya que a los niños les encanta, pero esta vez pensamos que sería mejor algo más campestre, así de paso nos alejamos de las marejadas, que han estado bien fuertes el último tiempo.  

Y finalmente nos las "emplumamos" a Colliguay, hermoso valle montañoso de la cordillera de la costa.  Salimos el lunes 14 al mediodía y antes de comenzar a subir la cuesta, que la verdad cuesta subirla, nos detuvimos frente a la Virgen del Paso de Agua; dicen que hay que rezar y dejar una moneda para así subir y bajar sin problemas la cuesta y de paso tener una hermosa estadía en Colliguay.

Nos esperaba un día radiante, así que después de comer un exquisito pastel de choclo en paila de greda, con una refrescante ensalada a la chilena, y dejar nuestros artilugios instalados en la cabaña, nos aparapetamos de nuestras tenidas para el baño y nos fuimos a la piscina.  Todos disfrutamos, desde la más pequeñita de la familia, "misia" Josefa, hasta mis padres, en el Rancho Alemán.

Fueron días realmente relajantes, piscina, dormir siesta, descansar de la tecnología (teléfono, celulares, tv., internet, radio, etc...) que francamente nos marean y no nos damos cuenta hasta que no los tenemos, disfrutar en familia.  Fué estar en el paraíso, de hecho no quise llevar ni reloj, con eso les demuestro que quería desconectarme de toda rutina.

Las noches maravillosas, estrelladas, claras, una luna llena impresionante y que bastaba para disfrutar del paraje nocturno del que estábamos rodeados: cerros de vegetación con boldos, litres, peumos, maitenes, arrayanes... y en el día: tener la posibilidad de divisar un zorro, conejo, perdices (andaban varias), loicas, tiuques y aguiluchos entre otras especies más.

Marcos y los niños aprovecharon todas las caminatas que ofrecían los monitores del lugar: a las pozas de los piqueros, los suspiros y al centro ceremonial: lugar apto para realizar ceremonias tradicionales indoamericanas.


La verdad, no queríamos venirnos, pero no habían más días disponibles, todo copado: cabañas, refugio, existía la alternativa de quedarnos en tipi (tienda usada por los indígenas de norteamérica) o en la cabaña del río, pero optamos por venirnos a casa unos días para luego irnos, esta vez sólo Marcos, los niños y yo, al Rosa Agustina Resort (ya pondré imágenes en otro post cuando hayamos llegado)

Lo mejor de todo es que fueron días muy felices, tranquilos, donde pude ver a mis hijos disfrutar, hacer nuevos amigos, interactuar con la naturaleza y sobre todo ver a mis padres felices.  Ellos mismos me decían que hacía muchísimos años que no disfrutaban de un lindo lugar, otros tantos que mi padre no nadaba a sus anchas en una piscina, que mi madre no tomaba relajada el sol en una reposera... que fácil resulta a veces ser felices, sentirse plenos.


Gracias Señor por estos hermosos días.







sábado, 5 de febrero de 2011

La Familia

Dicen que la familia no se elige, será por eso que ante una dificultad con algún integrante de la familia es más fácil alejarse y apoyarse en personas ajenas al núcleo, personas que uno sí puede elegir: amigos, familia lejana, familia política.      La familia  no se elige, pero por algo Dios, el destino, o como queramos llamarlo nos destinó a estar emparentados con estas personas (padres, hermanos) y quizás habrá que verlo como un aprendizaje, como una enseñanza, como un ser mejor o mejorar nuestros defectos en base a ellos, ejercitar la paciencia, la empatía, el cariño verdadero, la honestidad... sino todos seríamos errantes en el mundo, buscando siempre personas que nos simpaticen y sean como "nosotros queremos que sean".  Lo triste de todo esto es que de pronto te das cuenta que para otros puedes ser más importante que para aquellos se suponen están siempre contigo, que te aceptan tal cual eres porque "no hay alternativa", estamos emparentados y ... bueno, habrá que llevarse de la mejor forma posible.

Por eso una de las cosas que más cuido entre mis hijos es la hermandad, el apoyarse siempre, el estar ahí para contener al otro, para compartir... es obvio que siempre habrá conflicto, pero lo importante es salir pronto de eso y seguir como si nada.

Hablo de esto con propiedad, porque de ser la 4° de cinco hermanos  no tengo contacto con ninguno de ellos, que triste verdad??, pero bueno, es lo que me tocó.  Poco a poco voy retomando contacto con parte de mi familia, y me he perdido de cosas, de lindas cosas, como ver crecer a mis sobrinos-ahijados, como conocer a mi sobrina-nieta (sí, a mis 40 años soy tía abuela de Valeria), como que ellos conozcan a mi Josefa o recibir un poco de interés de parte de ellos por mi hija; como el matrimonio de mis sobrinas mayores... Pero bueno, no reprocho nada, en parte soy culpable de esta situación, ya que nada he hecho para remediarla, pero ahí estoy luchando, de a poco, con mi orgullo.

A pesar de todo, bendiciones, bendiciones para todos y por el momento a refugiarme en la familia que estoy formando ahora y que pretendo no repita las experiencias erróneas de sus tontos mayores.